Monday, August 16, 1999

La Habana

Por Isabel Manuela Estrada-Portales

La Habana. La noble Habana de antiguas columnas con diseños raros y distintos que ahora exhiben un gris único, el de la dejadez y el culpable olvido. El sitio donde florecen las paredes al tiempo que se agrietan y derrumban. Ciudad de risas y lágrimas, echada de menos por tantos que están lejos y de más por tantos que están dentro. ¿Qué ve el viajero al recorrer calles que no conoce o no recuerda? ¿Qué rememora quien poco tiempo atrás las abandonó?

Photo by René Timmermans. Paseo del Prado in Havana, Cuba.
El paseo del ayer, el Prado de los soñadores, sigue siendo el lugar privilegiado por quienes caminan en la noche, apesadumbrados por "la nostalgia del día que vendrá", casados con una belleza de la que sobreviven ligeros vestigios. Cada sábado se anda sobre las huellas del anterior y se repiten los amigos el mismo verso, se prometen la misma fidelidad, se secan mutuamente las mismas lágrimas. La pregunta callada martillea las sienes, mientras se aprietan los dientes parra no pronunciarlas: dónde estaremos en unos años.

Las posesiones son escasas: una estadía en la universidad, veinticinco años de envejecimiento sin experiencia, algunas lecturas que nos devuelven embellecido un paisaje que no hemos contemplado, un ansia infantil de aventura. Es extraño permanecer atados a una historia que no ha sido la nuestra, sentir la pérdida de una ciudad que en verdad no conocimos sino por viejos álbumes y descripciones literarias, pero amamos esta plaza porque fue la de Lezama y Martí, la de Cabrera Infante y Villaverde, la de los de ayer y los de anteayer y porque, de algún modo, eso la hace nuestra.

Otros, también jóvenes, sentados en cualquier esquina de lo que ayer fuera una construcción envidiable, se dejan matar por el tiempo, se aburren por costumbre, se emborrachan por no llorar...o por no esperar. A menudo vivir es difícil, pero no renuncian. Recuestan su espalda en columnas apuntaladas e inventan un piropo para cualquier mujer que se contonea ante sus narices, mientras la esposa aguarda. Lo demás es el dominó, la música y el juego prohibido.

Y los ancianos se levantan cada día al amanecer, con las arrugas más acentuadas y las vestimentas más ajadas; hacen largas colas en los estanquillos para comprar periódicos que luego revenden y, a la hora del almuerzo, hacen colas en oscuras fondas. Siguen ahí, aferrados a una vida que les ha sido ingrata, idealizan los tiempos pasados y tienen fe: ¡ya vendrán tiempos peores!

Nada es demasiado terrible para no alcanzar una solución aparente y aunque nos preguntemos mil veces por qué, la gente ríe, el cubano ríe sufriendo y sufre riendo; cuando la realidad es muy abrumadora se escapa y ríe, cuando el problema es insoluble lo elude y ríe, cuando la solución radical es imposible la olvida y ríe.

Las mujeres adultas están atravesadas por la inmediatez y envejecen a sus propios ojos ante el espejo, los caracteres se vuelven ácidos, los matrimonios caen en frecuentes crisis, los hijos son cada día más independientes y problemáticos, y se acabó la cebolla, y el azúcar no alcanza para llegar a fin de mes, y se multiplican sospechosamente las reuniones de los esposos, y qué cara la pintura de uñas.

En cambio las muchachas no parecen dispuestas a heredar de sus madres otra cosa que la belleza, se peinan y se maquillan, algunas buscan futuro de los modos menos recomendables, muchas se alarman por no avizorar ninguna tierra prometida, no piensan en parir, no paran de soñar, quizás irresponsables, tal vez superficiales, sobre todo indiferentes.

Los niños preguntan, desean, corretean bajo la lluvia y siguen siendo la mayor fuerza de subversión. Perplejos ante las nuevas tecnologías, suspiran por las computadoras y los juegos televisivos y pierden la inocencia al descubrir en el dinero un hada madrina.

Los turistas miran todo sin ver nada. No pueden entender el secreto conjuro de esa ciudad mágica que contiene misteriosos desafíos para cada uno de sus habitantes. Las calles permanecen majestuosas, contemplan, esperan. ¡Ah, mi ciudad! Seguro es falso que todo hombre nace con un plano de La Habana en la cabeza, pero eso es porque no somos perfectos. Siempre desde lejos se le envía a La Habana el mensaje del cantor: "dile que la echo de menos cuando aprieta el frío, cuando nada es mío, cuando el mundo es sórdido y ajeno".

Miami, Marzo, 1998

El Principito de Antoine de Saint-Exupery

Publicado el Miercoles, 1 de Julio, 1998, en yara!

El Principito de Antoine de Saint-Exupery

Por Isabel M. Estrada

Las personas mayores fueron niños....como El Principito El Principito de Antoine de Saint-Exupery es uno de esos libros a los que se vuelve con nuevas hambres, cada cierto tiempo, para renovar promesas hechas al joven comprometido y vibrante que fuimos, cuando la absorbente maquinaria del mundo -la dinámica de trabajo-dinero-influencias-posesiones- nos ha vuelto tan áridos que no alcanzamos a saber si volveremos a estar vivos en otro momento.

Saint Exupery, aviador, piloto de línea y de guerra, ensayista y poeta, es después de Vigny, Stendhal, Vauvenargues, y algunos guerreros o marinos, uno de los escasos novelistas y filósofos de acción hijos de Francia. No sólo admiró a los hombres de acción sino que participó personalmente en los acontecimientos que describe. Durante 10 años voló sobre el Río de Oro, a través de la cordillera de los Andes; se perdió en el desierto y fue rescatado por los beduínos; cayó del cielo en el Meditarráneo y sobre las montañas de Guatemala; guerreó en los aires en 1940 y 1944. Los conquistadores del Atlántico del Sur, Mermoz y Guillaumet, fueron sus amigos.

Nace en 1900 en Lyon y muere el 31 de julio de 1944, víctima de la más cruenta y absurda prueba de desamor que ha dado el hombre de nuestro siglo: su avión cae en el mar Mediterráneo derribado por los alemanes, estamos en la Segunda Guerra Mundial. Este hombre, aviador-correo, portador de comunicación entre tres continentes; el Saint-Ex de sus amigos, hombre del desierto, de la soledad, del fracaso amoroso con su rosa, Consuelo Soucin; de la visión crítica sobre el planeta Tierra, al que observó desde el punto óptimo: la altura.

Saint-Ex es el amante de las estrellas, consciente de que lo más importante para un hombre es su infancia, tímido y solitario, para quien las palabras eran fuente de malos entendidos. Hombre de la esperanza, del asombro, de los sueños y de la interioridad, buscador de absolutos, de amistades que viven para siempre, de los renacimientos que ocurren en la ausencia de compañías y a través de la muerte. El Principito es un libro de vida por la vida, concebida ésta desde tres perspectivas: el Principito, el aviador y los "seis planetas más uno". Esta obra es una flor del dolor. Para Saint-Exupéry el dolor tiene sentido. Obra dedicada a un judío que sufre por otro hombre que también sufre. Es cuento, parábola meditativa, fábula, alegoría, folklore, mito, historia y realidad. La historia íntima de un aviador, la realidad dolorosa de la búsqueda de cada hombre, la incapacidad de atinar con el lenguaje, la necesidad de recurrir a lo insólito.

Este libro es el fruto de un destierro autoimpuesto, pues fue escrito en New York, 1943, mientras Francia vivía oprimida y se desangraba en la guerra. En él la lógica tiene menos fuerza que la intuición, a la realidad se llega por la sorpresa, el mito, el disparate...ese lenguaje tan expresivo del amor cuando el "adulto" abre las puertas al "niño". El niño de Saint-Exupéry es fácilmente reconocible. Hay unas condiciones para que ese niño aparezca: mirar atentamente el paisaje del amor para poder reconocerlo; viajar, al menos una vez en la vida, por el desierto convidante y allí, no apresurarse, vivir con detenimiento, superar el chronos del reloj, de la prisa y por tanto de la superficialidad, pues lo rápido impide la interiorización, para entrar en el kairós, el tiempo de Dios, del que desconoce la inquietud de los días porque es eterno. Recordar que el hombre es imagen y semejanza de Dios. No apresurarse porque el niño tiene que nacer, tenemos que parirlo y si violentamos el útero, abortaremos.

En los tiempos que corren, en la ciudad y el país que habitamos, en la monotonía de hiperactivismo de nuestros días, en los que nunca nos preguntamos los por qué, conviene pasar un rato -entre el Mall de las Américas y el de Aventura- con El Principito y leer con fruición aquello de que "lo esencial es invisible para los ojos, y es el tiempo perdido con tu rosa lo que la hace importante"....Barnes and Nobles is open until 11 pm.

Copyright © 1998 yara!

FIU: Universidad X

Publicado el Miercoles, 1 de Julio, 1998, en yara!

FIU: Universidad X

Por Isabel M. Estrada

¿Qué esperamos de una universidad? Se discutía ese tema cuando un estudiante dijo que FIU era la triple A: apática, anti-intelectual y apolítica, y aunque reímos la broma de buena gana, nos pareció tristemente cierto, sobre todo a quienes vinimos buscando una vida universitaria tan ardiente como la dejada en nuestros países -Cuba, por ejemplo-.

No faltó la evocación del fuerte movimiento artístico-literario de la Colina Universitaria habanera; de las polémicas conferencias preparadas contra todas las banderas en la Facultad de Periodismo -quizás la más mediatizada por el régimen-; de las discusiones de tesis sumamente conflictivas, en las cuales, junto a la evaluación, se jugaba la posibilidad de un empleo y hasta de graduarse; de los murales tildados de "hipercríticos", las revistas semiclandestinas, las exposiciones vanguardistas, las discusiones y coloquios sobre las últimas corrientes en teoría literaria, sociología, filosofía; los libros pasados de mano en mano como la verdad; las películas prohibidas, los documentales filmados a escondidas; los festivales de cine y de teatro que dejaban las aulas vacías....hasta las presiones políticas eran disfrutables porque "cuando la censura aprieta el troppo aumenta".

¡Y nos quejábamos tanto! De las bibliotecas llenas de gente y huérfanas de nuevos libros, de la falta de recursos para todo, de la mediocridad de muchos profesores que estaban en sus cátedras por su adscripción ideológica, de la desactualización de algunos programas de estudio, de las dificultades objetivas para la investigación, de la represión.

Pero la universidad era de todos modos un vivero y "en ese vivero pasaron el invierno de los años oscuros los saberes antiguos, esperando mejores tiempos". Y así parece ser también en otros países latinoamericanos: Puerto Rico -sí, Puerto Rico-, Venezuela, Argentina, Colombia....

Esos mejores tiempos son los que esperábamos hallar aquí en Estados Unidos, en FIU, por ejemplo. Pero nos encontramos con la moneda invertida: personalidades impartiendo conferencias en auditorios semivacíos, bibliotecas pletóricas de libros vírgenes, profesores excelentes que no sienten el reto de los estudiantes, libertades sin deseos, recursos sin inquietudes.

No hay movimientos intelectuales o artístico-literarios notables, cuesta movilizar a los estudiantes incluso para temas sensibles, no se lee demasiado, ni demasiado bueno, no hay interés en estudios humanísticos "ociosos", no hay un ambiente de discusión académica en el que los estudiantes puedan tomar parte -podría ser por desinterés, por falta de información sobre los proyectos que están en el aire, por carencia de vehículos para esta discusión, o por....- En fin, no se percibe a FIU como un centro intelectual del que fluyan corrientes de pensamiento que tengan incidencia en la comunidad en que está enclavada, Miami, salvo en algunos temas -como los asuntos cubanos- y aún así en círculos muy reducidos.

Esta percepción, desde luego, no cuenta con el apoyo universal y unánime. Según el profesor de Relaciones Internacionales Damián Fernández "FIU es claramente un foco intelectual en Miami y su reputación como centro de estudios avanzados trasciende la ciudad y alcanza la arena internacional. Y está a la cabeza en áreas como los estudios cubanos".

Otros, como los profesores de periodismo Mario Diament y de geología Grenville Draper, consideran que FIU es sin dudas un sitio de pensamiento porque buena parte del personal académico está envuelto en tareas creativas y de investigación, cada año se ofrece un extenso programa de conferencias, existen algunos grupos de discusión y centros de estudios políticos, económicos, entre otros.

"Los profesores y los estudiantes están activamente entregados a esfuerzos para expandir las fronteras del conocimiento humano", dijo el profesor de filosofía Bruce Hauptli. "En tratar de explicar esos avances al público y en examinar críticamente los viejos y nuevos reclamos del conocimiento y la verdad". Según Hauptli, habría algo terriblemente mal si él tuviera que responder que FIU no es un centro de pensamiento en Miami, porque la naturaleza de una universidad es justamente ser un centro de erudición y creación. La respuesta de algunos estudiantes fue que entonces....hay algo terriblemente mal.

Según Diament que haya lugar para la investigación y la discusión intelectual "no significa que todos los estudiantes participen en una actividad intelectual ni que exista un pensamiento original que fluya desde FIU hacia el exterior".

Y sin dudas, cuando se dice que FIU es la triple A se está pensando en sus estudiantes, quienes son calificados de apáticos y desentendidos de temas culturales, intelectuales y políticos. "Creo que esta percepción es un poco generalizante", opinó Draper. "A mí me han impresionado mucho los estudiantes de los programas de honor, por ejemplo. Aunque, en mi opinión hay un elemento de verdad en esas acusaciones de apatía". Los estudiantes de los programas de honor son, en primer término, minoría, y en segundo, escogidos por sus promedios académicos, los cuales no tienen por qué ser un indicativo de comprometimiento y búsqueda en otras esferas que no sean las directamente relacionadas con su carrera, y, al contrario, más bien se percibe en ellos una fuerte tendencia -sin dudas nacional- a la superespecialización, cuyos resultados para el desarrollo tecnológico pueden ser fantásticos pero para el crecimiento personal y el pensamiento no aplicado son funestos. ¿Cuáles son las causas? Esta es una pregunta cuyas respuestas sólo pueden esbozarse, pero que sería delicioso poder continuar desbrozando.

Algunos, como Draper, creen que las causas de esta carencia de curiosidad intelectual e inquietudes que padecen los estudiantes de FIU, son en buena medida objetivas: FIU es una universidad comunitaria, muchos de sus alumnos viven en sus casas lo cual les dificulta el arrancarse de su trasfondo anterior y experimentar la sacudida intelectual de exponerse a nuevas ideas y personas, a la que sí se ven empujados aquellos que se van a otros lugares a estudiar; en esto incide también un problema de selección: los estudiantes arriesgados y curiosos intentan salir de la ciudad e incluso de la Florida; por otra parte, la mayoría de los estudiantes llega a percibir la universidad como una extensión de los estudios secundarios, y/o como un modo de obtener un mejor empleo futuro, y no como la única oportunidad que van a tener en sus vidas de regocijarse en una aventura intelectual.

"Yo pienso que este cuadro mental les roba a los estudiantes el real beneficio de la educación superior", continuó Draper. "Aunque hay algunos asuntos prácticos, como el hecho de que muchos tengan que trabajar para mantenerse, y por tanto, estén obligados a balancear estudio, trabajo y presiones familiares, lo cual les deja poco tiempo y energía para regocijarse en su curiosidad intelectual".

Hauptli, sin embargo, considera que aunque siempre es bueno incentivar los niveles de interes y compromiso, los estudiantes de FIU no son en absoluto apáticos.

Los estudiantes en cambio, principalmente aquellos más involucrados en ciertos proyectos, sí ven a sus condiscípulos y a sí mismos incluso, con alto escepticismo en cuanto a los niveles intelectuales y a los temas que puedan despertarles el interés, y que no sean pop culture, pues muchos comparten la opinión que uno expresó: "No creo que los estudiantes de FIU piensen mucho acerca de nada".

El espacio no permite extenderse en esta concatenación de elementos, pero siempre queda una posibilidad de continuar el análisis, como conclusión nos interesaría dejar abierta una última interrogante: Si FIU es una universidad comunitaria, sus estudiantes tienen esa poca exigencia con respecto a sus alcances intelectuales -lo que conduce, pero eso es otro fenómeno, a algunas clases y profesores que dejan mucho que desear- y la comunidad no se pregunta demasiado sobre el asunto....¿no será que todo esto tiene algo que ver con el nivel cultural general de la ciudad de Miami, con sus medios de comunicación -ni hablar de los hispanos-, con lo que el público recibe y lo que exige -por ejemplo, de parte de los visitantes que se conforman con hilvanar cuatro frases que saben van a halagar a los oyentes quienes estallarán en aplausos frenéticos-? ¿Y no será además que este "tener que ver" es una serpiente que se muerde la cola pues la ciudad es así porque la universidad es así y viceversa y de nuevo?

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Niños balseros logran ajustarse a nueva vida

http://www.cubanet.org/CNews/y97/dec97/01o3.htm

Niños balseros logran ajustarse a nueva vida
30 de noviembre de 1997 en El Nuevo Herald
ISABEL M. ESTRADA
Especial para El Nuevo Herald

Dos años después de mar y desesperanza, los niños cubanos que pasaron meses retenidos en la Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo vencen en Miami el último obstáculo para adaptarse a la nueva realidad: sus propios fantasmas.

La nostalgia excesiva, el rechazo social y el incomprensible inglés acosaban a esos casi 3,000 niños y adolescentes.

Pero nadie imaginaba en 1995 que esos pequeños podrían recuperarse tan velozmente de las circunstancias traumáticas vividas desde que abandonaron Cuba, a bordo de frágiles embarcaciones e improvisadas balsas, hasta que llegaron a suelo norteamericano.

"Antes estaba triste por haber venido; creía que nunca iba a entender el idioma y me acordaba mucho de mis amigos en Cuba, pero ya no'', dijo Zahily Cardona, de 14 años, alumna de la secundaria Miami Springs. "Ahora estoy contenta de estar aquí, conozco mejor este país y tiene libertades que allá no había''.

Darién Zamora, de 15 años y estudiante de la secundaria Hialeah, aún extraña mucho Cuba, la comunicación entre los amigos. "Pero ya me siento feliz. Voy a ir a la universidad; no me arrepiento de haber venido'', aseguró.

Zamora obtuvo el Premio Nacional de Ciencias en 1996 por sus altas calificaciones. Además, es estudiante de honor y acreedor de otros premios escolares.

Miami suaviza el impacto

El doctor Eugenio M. Rothe, director de la Clínica Siquiátrica de Niños y Adolescentes del Jackson Memorial Hospital, ha dirigido tres estudios con estos niños, tanto en Guantánamo como después que llegaron a Estados Unidos.

Según esas investigaciones, los pequeños sometidos a semejantes experiencias presentan una sintomatología postraumática que tiene modos diferentes de manifestarse.

"El trauma es una experiencia muy personal que se lleva por dentro. Por eso, a menudo, las maestras no percibían ningún signo de traumatismos en los muchachos y, sin embargo, ellos reconocían que todo lo padecido les había afectado muchísimo'', apuntó Rothe.

El estrés postraumático atraviesa un período silencioso. Los síntomas comienzan a salir al cabo de varios años, afectan las relaciones interpersonales y, en cada período de la vida, cualquier circunstancia difícil o al menos similar a la vivida puede ser el detonante de una crisis.

"Los niños al llegar aquí evitaban todo lo traumático: no querían ir al mar, eludían el ruido y las situaciones caóticas'', explicó el doctor. "En Guantánamo se veían síntomas regresivos y de ansiedad, sobresalto, sensación de que va a suceder algo malo''.

Encontrar un grupo étnico afín, el mismo clima, las costumbres, poder seguir comunicándose en su idioma, son los factores fundamentales de inculturación que Miami propició a esos niños.

"La comunidad da validez a la identidad del individuo. Si hubieran tenido que enfrentarse a un mundo absolutamente nuevo, la adaptación habría sido terriblemente difícil'', agregó Rothe.

Mecanismo de defensa

Un fenómeno que se manifiesta en algunos jóvenes es un olvido consciente o una edulcoración de toda la parte negativa del tiempo que permanecieron en Guantánamo y de los percances del viaje.

"La verdad es que no fue tan duro; todo lo recuerdo bonito. Tuve muchos amigos en la base'', relató Zahily, que permaneció seis meses y medio en Guantánamo. "El viaje fue fácil, sólo unas ocho horas en el mar''.

Sin embargo, Belén Mirayes, de 72 años, abuela de Zahily, recuerda bien que la travesía fue terrible, el motor del pequeño barco se les apagó. Ella dijo que la dejaran y que salvaran a los jóvenes y los niños.

Entonces uno de los muchachos tuvo un ataque.

Sólo de la familia de Zahily estuvieron 32 personas en Guantánamo.

"En la Base la pasamos mal. El varoncito tuvo unas hemorragias tremendas una noche y no nos dejaron salir para llevarlo al hospital'', recordó Mirayes.

El siquiatra Fernando Pino, que visitó la Base para atender a los refugiados, explicó cómo ese "olvido'' es un mecanismo de defensa que protege al individuo de los recuerdos traumáticos.

"Es un proceso inconsciente. Es cierto que no recuerdan lo que sufrieron, pero eso permanece dentro de ellos, que salga o no depende del individuo. Unos lo superarán, otros quizás tengan problemas más adelante'', expuso Pino.

Cuando Pino visitó a pacientes infantiles en la Base observó cuadros de regresión y ansiedad. "Volvían a orinarse en la cama, tenían miedo a separarse de los padres, padecían de sonambulismo'', precisó.

Los dibujos reflejaban los traumas recurrentes, el mar, las balsas, los tiburones que se comían a las personas o al acecho tras las embarcaciones, y las alambradas que rodeaban los campamentos en la Base, abundó Pino.

"Aunque también hay traumas que preceden a las balsas y la estancia en Guantánamo, está la experiencia de la vida en Cuba, que no era ningún paraíso'', añadió Pino. "Creo que hay de todo, muchos se han adaptado, otros no. Habría que hacer un estudio de seguimiento''.

El equipo del doctor Rothe solicitó fondos a varias instituciones para continuar este tipo de estudio, pero la respuesta fue siempre negativa. Las instituciones no deseaban señalar a esos niños, porque en aquellos momentos había mucho sentimiento antiinmigrante en Estados Unidos, concluyó el doctor.

"Todos me respondían que no querían llamar la atención sobre estos niños, para que no se les viera como grupo problemático o proclive a requerir tratamiento siquiátrico'', dijo Rothe.

Predomina lo positivo

Sin duda, lo vivido ha dejado huellas en los jóvenes balseros.

"La base fue el cambio de mi vida de niño a hombre'', aseguró Rayner López, de 15 años, estudiante de la intermedia Hialeah, que estuvo siete meses en Guántanamo.

"Había mucho elemento malo, delincuentes, y eso creaba un ambiente desagradable, pero yo me decía que no me iba a echar para atrás'', recordó. "La travesía no fue tan mala, porque me inyectaron y me dormí''.

Elizabeth Rodríguez, religiosa misionera claretiana que trabajó en el Centro Varela de la Inmaculada Concepción en Hialeah, dijo: "He notado el dolor, sobre todo en quienes están separados de sus padres o los perdieron. Al principio hablaban todo el tiempo de Guántanamo; se veía que sufrieron, pero ya se han visto resultados excelentes de adaptación''.

El profesor Félix Cruz Alvarez, de la secundaria Miami Springs, corroboró esta opinión.

"No veo signos de traumas; al contrario, avanzan cada día más en la inserción en el sistema'', dijo Alvarez.

"Imparto clases de cursos avanzados que dan seis créditos universitarios y sólo los toman los mejores alumnos, y tengo en mis clases más de 25 muchachos de Guántanamo. El 95 por ciento de los que hemos graduado está en estudios superiores''.

Algunos han confrontado problemas que seguramente tendrían también en Cuba, señaló Betty Balis, jefa del Departamento de Servicios Estudiantiles de la secundaria Miami Springs.

"El que vino y se dedicó a estudiar ha salido adelante; es mucho más lo positivo que lo negativo'', afirmó.

Zamora, ganador del Premio de Ciencias, llegó a Guantánamo en un barco con los padres y una hermana de 8 años. "El se ha adaptado muy bien, siempre fue muy maduro y valiente'', contó su madre, Ramona Villar, de 36 años. "Lo que más lo ayudó fue el Centro Varela''.

Todos los jóvenes hablan de los Centros Varela con agradecimiento y ternura, pues consideran que les evitaron el choque demasiado fuerte con una realidad desconocida y agresiva. Además, les hicieron sentirse acogidos y les dieron energías para afrontar el proceso de adaptación.

La labor de los Centros Varela

Los Centros Varela fueron una iniciativa de la Iglesia Católica para brindar enseñanza introductoria a los niños que llegaron de Guántanamo a la mitad del curso escolar.

Se establecieron cuatro centros, ubicados en las iglesias de San Brendan, San Benito, San Juan el Apóstol y San Miguel, que preparaban a los niños en religión, inglés y sociedad norteamericana, con el objetivo de amortiguarles el choque con las escuelas regulares.

"Allí los maestros te trataban como si fueran tus padres'', recordó Zamora. "Era el principio; te servía para adaptarte, para aprender el inglés''.

Zoila Murgado, de 18 años, también estudiante de la secundaria Hialeah, salió de Cuba vía España, pero al llegar a Miami vivió igualmente la experiencia de los Centros Varela.

"Ayudaron sobre todo en la parte espiritual, a centrarse en la fe'', expresó. "Allí crecimos. Existía el temor de que nos descarriláramos, pero ahora se ve que todos vamos por buen camino''.

Según Marta Pérez, cuyo doctorado en Educación de la Universidad de Miami fue sobre los Centros Varela, los más beneficiados con este programa fueron los adolescentes y jóvenes.

"Estaban en esa edad difícil en que tienen ansias de pertenecer, y estaban conscientes de todo el drama de Guántanamo, de que los ciudadanos no los querían, y pensaban que no iban a ser aceptados. En los centros recibieron apoyo y cariño'', apuntó Pérez.

Los más pequeñitos no tenían mucha conciencia de lo que sucedió en la travesía marítima ni en la Base, y en su mayoría se adaptaron con muchísima rapidez.

"Ellos no tuvieron que tomar parte en nada. Todo lo recibían como siempre, sin saber cómo ni de dónde venía'', continuó Pérez.

Anaibis Herrera, de 7 años, vino con cuatro personas. Ahora estudia en la primaria Mae Walter. "Creo que vine con unas chancletas. Vimos un barco grande y mi papá le chiflaba. En la Base jugaba, iba al parque'', dijo.

Su mamá, Bárbara Ramírez, empleada de una panadería, cuenta que vinieron 22 personas en un barco. En Guantánamo pasaron vicisitudes y depresiones.

"Nos rodeaba una cerca y uno daba vueltas y caía en el mismo lugar. Me alegro de que ella no se acuerde de nada'', afirmó.

Cuba en el recuerdo

Cuba es un recuerdo que siempre los acompaña.

"Ese es mi país; no estoy de acuerdo con ese gobierno, pero adoro mi país, me encanta'', dijo López, estudiante de la intermedia Hialeah. "Pero mientras siga así yo no vuelvo''.

Murgado echa mucho de menos a la isla. Sin embargo, dice que todos debemos crecer, caminar, porque quien vive en el pasado allá se queda. "Extrañar a Cuba es algo más profundo'', agregó.

Profesores, catequistas y padres coinciden en que estos niños tienen una madurez rara para su edad.

"El proceso de la salida y el llegar aquí los hizo madurar'', opinó Rodríguez. "Se muestran más responsables que otros jóvenes en su compromiso''.

Hasta los muchachos lo reconocen.

"Sí, nos han hecho madurar, el sufrimiento nos hizo crecer y madurar'', manifestó Murgado.

Rothe advierte que esa temprana madurez puede traer problemas.

"Esa madurez puede ser relativa. Parecen hipermaduros, pero luego podrían ser problemáticos, porque sienten que no tuvieron infancia'', arguyó. "Los procesos traumatizantes sensibilizan, exigen a los niños esfuerzos síquicos superiores a su edad''.

¿Hasta dónde lo sufrido saldrá a relucir en el futuro?

"Mis padres me sacaron de Cuba y lo arriesgaron todo para que yo tuviera un porvenir'', expresó López. "Ellos querían que yo fuera alguien; por tanto, yo tengo que luchar por eso''.

Del significado personal que cada uno dé a esta situación dependerá su estabilidad posterior.

"Unos pueden decir: `Qué maravilla, qué valientes mis padres que hicieron todo esto por mí', o pensar: `Mira qué irresponsables mis padres, pusieron en peligro mi vida en una balsa'. Al final, se tratará de respuestas personales'', concluyó Rothe.

Copyright © 1997 El Nuevo Herald