Wednesday, January 05, 2005

Alberto Gonzáles: Uno de los “nuestros”

Las trompetas -probablemente las del Juicio Final- anuncian la nominación del primer hispano al puesto de procurador general de Estados Unidos. El honor le cabe al actual consejero legal de la Casa Blanca, Alberto R. Gonzáles, de 49 años.

Antes de proceder con la evaluación del caso, nótese la terminología legal en uso, debemos mencionar las circunstancias que lo propiciaron. El actual procurador general, John D. Ashcroft ha renunciado a su puesto con una carta manuscrita al presidente Bush en la cual asevera ¿triunfal? que “el objetivo de garantizar la seguridad de los estadounidenses contra el crimen y el terrorismo ha sido alcanzado”.

Debemos reconocer que eso parece cierto, pues a apenas una semana de la reelección del presidente -nótese esta vez cómo se evitan los calificativos- la alerta antiterrorista fue bajada a amarillo en Nueva York y Washington, D.C. y el laberinto de puntos de seguridad que asemejaban el D.C. a la franja de Gaza fue desmantelado.

Conste que la alerta antiterrorista fue subida a naranja, coincidentemente en la semana de la Convención Demócrata, basado en información encontrada más de un año antes en unos archivos computarizados que sólo Dios sabe dónde estarían hasta ese oportuno momento. ¿O sabrá Dios? También debe constar que el peligro mayor ya ha sido derrotado: la posibilidad de que John Kerry ganara las elecciones.

Pasemos a los pormenores que nos ocupan. Gonzáles es lo que aquí se llama “una historia de éxito”, el hijo de inmigrantes que llega a las más altas esferas a fuerza de trabajo y sacrificio suyo y de sus padres. (No, este no es el momento de preguntarnos por qué las historias de éxito son excepcionales.)

Gonzáles ha acompañado a Bush por mucho tiempo, desde su juventud política en Texas, y durante todo ese tiempo se ha caracterizado por darle muy malos consejos legales. Nada grave, no, apenas cosas como ignorar evidencias de inocencia o de procedimientos judiciales incorrectos en casos de pena de muerte cuando era el consejero legal del Gobernador Bush.

Ya en su posición actual como consejero de la Casa Blanca su participación ha sido más notoria: él fue el autor del famoso memo que intentaba justificar la tortura de prisioneros y que se considera el caldo de cultivo del desastre de Abu Graib; ayudó al establecimiento del sistema de prisión en la base naval de Guantánamo, Cuba, al que no han logrado encontrarle una esquina constitucional todavía y declaró que las Convenciones de Ginebra son un anticuado anacronismo ("quaint" fue la palabra usada por él).

Al nominarlo, Bush dijo que Gonzáles siempre le da su “opinión franca” -que tiende a coincidir con la de Bush más de lo que a muchos nos gustaría- y que él tiene un “sólido principio de respeto por la ley”.

Como dijo un amigo mío: parece que hay leyes más legales que otras... o por lo menos más respetables.
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