Saturday, June 19, 2010

Pérdida y permanencia de La Habana

La Habana. La noble Habana de antiguas columnas con diseños raros y distintos que ahora exhiben un gris único, el de la dejadez y el culpable olvido. El sitio donde florecen las paredes al tiempo que se agrietan y derrumban. Ciudad de risas y lágrimas, echada de menos por tantos que están lejos y de más por tantos que están dentro.

¿Qué ve el viajero al recorrer calles que no conoce o no recuerda? ¿Qué rememora quien poco tiempo atrás las abandonó?

El paseo del ayer, el Prado de los soñadores, sigue siendo el lugar privilegiado por quienes caminan en la noche, apesadumbrados por “la nostalgia del día que vendrá”, casados con una belleza de la que sobreviven ligeros vestigios. Cada sábado se anda sobre las huellas del anterior y se repiten los amigos el mismo verso, se prometen la misma fidelidad, se secan mutuamente las mismas lágrimas. La pregunta callada martillea en las sienes, mientras se aprietan los dientes para no pronunciarla: dónde estaremos en unos años.

Las posesiones son escasas: una estadía en la universidad, 25 años de envejecimiento sin experiencia, algunas lecturas que nos devuelven embellecido un paisaje que no hemos contemplado, un ansia infantil de aventura. Es extraño permanecer atados a una historia que no ha sido la nuestra, sentir la pérdida de una ciudad que en verdad no conocimos sino por viejos álbumes y descripciones literarias, pero amamos esta plaza porque fue la de Lezama y Martí, la de Cabrera Infante y Villaverde, la de los de ayer y los de anteayer, y porque de algún modo eso la hace nuestra.

Otros, también jóvenes, sentados en cualquier esquina de lo que ayer fuera una construcción envidiable se dejan matar por el tiempo, se aburren por costumbre, se emborrachan por no llorar…o por no esperar. A menudo vivir es difícil, pero no renuncian. Recuestan su espalda en columnas apuntaladas e inventan un piropo para cualquier mujer que se contonea ante sus narices, mientras la esposa aguarda. Lo demás es el dominó, la música y el juego prohibido. Y los ancianos se levantan cada día al amanecer, con las arrugas más acentuadas y las vestimentas más ajadas; hacen colas en oscuras fondas. Siguen ahí, aferrados a una vida que les ha sido ingrata, idealizan los tiempos pasados y tienen fe: ¡ya vendrán tiempos peores!

Nada es demasiado terrible para no alcanzar una solución aparente y, aunque nos preguntemos mil veces por qué, la gente ríe, el cubano ríe sufriendo y sufre riendo; cuando la realidad es muy abrumadora, se escapa y ríe; cuando el problema es insoluble, lo elude y ríe; cuando la solución radical es imposible, la olvida y ríe.

Las mujeres adultas están atravesadas por la inmediatez y envejecen a sus propios ojos ante el espejo, los caracteres se vuelven ácidos, los matrimonios caen en frecuentes crisis, los hijos son cada día más independientes y problemáticos, y se acabó la cebolla, y el azúcar no alcanza para llegar a fin de mes, y se multiplican sospechosamente las reuniones de los esposos, y qué cara la pintura de uñas.
En cambio las muchachas no parecen dispuestas a heredar de sus madres otra cosa que la belleza, se peinan y se maquillan, algunas buscan futuro de los modos menos recomendables, muchas se alarman por no avizorar ninguna tierra prometida, no piensan en parir, no paran de soñar, quizás irresponsables, tal vez superficiales, sobre todo indiferentes.

Los niños preguntan, desean, corretean bajo la lluvia y siguen siendo la mayor fuerza de subversión. Perplejos ante las nuevas tecnologías, suspiran por las computadoras y los juegos televisivos y pierden la inocencia al descubrir en el dinero un hada madrina.

Los turistas miran todo sin ver nada. No pueden entender el secreto conjuro de esa ciudad mágica que contiene misteriosos desafíos para cada uno de sus habitantes. Las calles permanecen majestuosas, contemplan, esperan. ¡Ah, mi ciudad! Seguro es falso que todo hombre nace con un plano de La Habana en la cabeza, pero eso es porque no somos perfectos.

Siempre desde lejos se le envía a La Habana el mensaje del cantor: “dile que la echo de menos cuando aprieta el frío, cuando nada es mío, cuando el mundo es sórdido y ajeno”.

Wednesday, June 16, 2010

Discurso de graduación

Para mis queridos alumnos, graduación del 2010, de la Escuela Argentina de Washington:
Lara Bes, Carolina Galdiz, Carolina Fermoselle, Julián Palau, Juan Manuel Segura, Luciana Giorgio, Melissa Minniti.

Read it in English.
Aquí estamos, 14 años después. Pero, ¿acaso no dijo un argentino famoso que 20 años no es nada? Claro, que el tipo los pasó en París. Yo sé que ustedes quieren que yo pronuncie un discurso interminable pero los voy a desilusionar. Sólo les voy a decir tres cosas que les dije a mis estudiantes muchas veces en los últimos años: piensen, piensen, piensen.
1. Piensen, para que se libren ustedes y ayuden a liberar al mundo de las cadenas de la intolerancia y la superstición que nos condenan a perennes conflictos y futiles odios.
2. Piensen para que se cuestionen todo lo que les sea dicho con mucha certeza pero poca evidencia.
3. Piensen para que no repitan como papagayos verdades antiguas y para que den validez a la experiencia vital.
Y cuando se opongan a las verdades manidas y a la tradición, háganlo con convicción y con fuerza. No nos permitan a nosotros, las generaciones anteriores, limitarles su horizonte. No dejen que nuestros miedos les corten sus alas o que nuestros prejuicios limiten el vuelo de su mente y la expansión de su alma. No, todo tiempo pasado no fue mejor. Asumir esto significa decir que la acción del hombre es vana y que ustedes no son agentes de la historia. Todo tiempo futuro tiene que ser mejor porque ustedes lo van a construir. Escúchennos, sí, pero con oídos críticos, pues el estado del mundo de hoy deja mucho que desear sobre la habilidad de las generaciones pasadas. No teman imaginar un mundo diferente en que los fuertes y poderosos sean también los buenos y en que la felicidad y comodidad de unos pocos no se base en la miseria y sufrimiento de la mayoría. Y cuando les digan que las cosas siempre han sido así, respondan que lo único que ha sido constante en la historia es el cambio y que las grandes transformaciones sociales han ocurrido cuando jóvenes como ustedes han dicho: lo que siempre ha sido, siempre ha estado mal y no tiene por qué seguir siendo. Sólo piensen cuántas cosas que la sociedad antes creía verdades evangélicas nos parecen ahora absurdos increíbles en la medida en que evolucionan los estándares de decencia que marcan el progreso de una sociedad que madura.
¿Y del amor? ¿Qué decirles? Hemos hablado mucho de amor en estos años. De los amores terribles de seres que no se conocen a sí mismos y que buscan en la lujuria una respuesta que tendrían que encontrar dentro de sí. Seres como Rebeca o el Coronel Aureliano Buendía, que un día frente al pelotón de fusilamiento recordó cuando su padre lo llevó a conocer el hielo. Amores de seres condenados a cien años de soledad y que no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra. Amores como el de Penélope y Julián que arrastraban un lastre mayor de lo que sus jóvenes almas podían cargar. Amores como el de Daniel y Bea que no eran sólo para sí, sino que debían empujar consigo a otros para que su propio amor tuviera sentido. A ustedes les deseo que sepan encontrarse para encontrar.
Huyan de lo fácil, pues sólo lo difícil es estimulante, todo lo serio es difícil y todo es serio. Recuerden el consejo de Rainer Maria Rilke: que algo sea difícil debe ser una razón más para hacerlo.
Por ejemplo, es fácil creer que los valientes son buenos y los cobardes son malos. Pero si así fuera, los buenos ganarían siempre, con facilidad. Piensen en Fermín que se moría de miedo ante Fumero pero pudo superarlo para defender a su amigo. Y Fumero, quien evidentemente no tenía miedos… ni escrúpulos. Los hombres somos complejos y es esa complejidad lo que nos hace humanos y lo que hace que la vida valga la pena.
Al escribir esta despedida me vino a la cabeza el poema de Borges que recitamos en el maratón de poesía hace tres años: What can I hold you with?/ ¿Con qué puedo retenerte? Me imagino que eso es lo que quiero preguntales ahora. ¿Con qué puedo retenerlos? Y como Borges, sólo tengo palabras vacías, abuelos guerreros y memorias que sirven para llenar el aire, pero son inútiles para detener la historia, es decir, su historia. Puedo ofrecerles noticias sobre ustedes mismos que pretendo, presumo saber, pero que sólo están basadas en haber tenido vuestra edad, hace un par de siglos. What can I hold you with?
A ustedes y a sus padres, por el privilegio que me han concedido de compartir con ustedes estos años sólo me queda dedicarles la palabra luminosa de la ofrenda: gracias.
Su profesora, Isabel M. Estrada Portales.
Read it in English.

Commencement Speech

To my dear students, Class of 2010, Escuela Argentina of Washington, DC:
Lara Bes, Carolina Galdiz, Carolina Fermoselle, Julián Palau, Juan Manuel Segura, Luciana Giorgio, Melissa Minniti.


Léalo en español

And here we are, 14 years later. But, didn’t a famous Argentinean say that 20 years were nothing? Of course, he spent them in Paris. I know you want me to give an endless speech, but I’m going to disappoint you. I’m only going to tell you three things I have told my students a million times in the last years: think, think, think.

1. Think, so that you free yourselves and help to free the world from the chains of bigotry and superstition that condemn us to eternal conflicts and futile hatred.
2. Think, so that you question everything that you are told with too much certainty but little evidence.
3. Think, so that you don’t repeat like parrots old truths and so that you value life experience over precepts.

And when you oppose hackneyed truths and traditions, do it with conviction and strenght. Don’t allow us, the old generations, to limit your horizon. Don’t allow our fears to curtail your wings or our prejudices to limit the flight of your mind, the expansion of your soul. It is not true that the past was always better. To assume that the past was better means that men’s actions are vain and that you are not agents of history. The future has to be better because you will build it better. Listen to us, yes, but with critical ears, because the current state of the world leave plenty to be desired regarding the ability of past generations. Don’t be afraid to imagine a different world in which the strong can still be good and where the happiness and confort of the few are not borne by the missery of the many. And when they tell you that life has always been like this, answer that the only thing that has been constant in history is change and that the greatest social transformations have occurred when young people like you have said: what has always been has been wrong and doesn’t have to continue. Just think how many things society thought of as Gospel look to us now as incredible absurdities with the evolving standards of decency that mark progress in a maturing society.

And, what about love? What can I tell you? We have spoken about love a lot during these years. We have talked about the terrible loves of people who didn’t know themselves and were looking in lust for an answer to something they could only find inside themselves. People like Rebeca or the Colonel Aureliano Buendía, who as he faced the firing squad remembered that distant afternoon when his father took him to discover ice. The love of people condemned to one hundred years of solitude and without a second opportunity on earth. The love of Penélope and Julián carried a weight too heavy for their young souls. The love of Daniel and Bea found its purpose in helping others to find answers. I wish you find yourselves so that you can find the truth.

Flee from the easy, because only the difficult is exciting. Everything that is serious is difficult, and everything is serious. Remember Rainer Maria Rilke’s advice: that something is difficult must be one more reason for us to do it.

For instance, it’s easy to believe that brave people are good and cowards are bad. But if that was the case, the good ones would always win, easily. Think of Fermín who was so afraid of Fumero but overcame it to defend his friend. Think of Fumero, who had no fear…or scruples. Men and women are complex and it is that complexity that makes us human and what makes life worth living.

When I was writing this good bye of sorts, I remembered the poem of Borges we recited in the Maratón de poesía three years ago: “What can I hold you with?” I imagine that’s what I want to ask you now. What can I hold you with? And, like Borges, I only have empty words, warring grandfathers and memories that fill the air but are useless to stop history, that is, your history. I can offer you news about yourselves that I presume to know but that are only based on having being your age a couple of centuries ago. What can I hold you with?

To you and to your parents, for the privilege of sharing with you these years I can only dedicate the luminous word of the offering: thanks.

Your teacher, Isabel M. Estrada Portales.
Léalo en español