Wednesday, June 16, 2010

Discurso de graduación

Para mis queridos alumnos, graduación del 2010, de la Escuela Argentina de Washington:
Lara Bes, Carolina Galdiz, Carolina Fermoselle, Julián Palau, Juan Manuel Segura, Luciana Giorgio, Melissa Minniti.

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Aquí estamos, 14 años después. Pero, ¿acaso no dijo un argentino famoso que 20 años no es nada? Claro, que el tipo los pasó en París. Yo sé que ustedes quieren que yo pronuncie un discurso interminable pero los voy a desilusionar. Sólo les voy a decir tres cosas que les dije a mis estudiantes muchas veces en los últimos años: piensen, piensen, piensen.
1. Piensen, para que se libren ustedes y ayuden a liberar al mundo de las cadenas de la intolerancia y la superstición que nos condenan a perennes conflictos y futiles odios.
2. Piensen para que se cuestionen todo lo que les sea dicho con mucha certeza pero poca evidencia.
3. Piensen para que no repitan como papagayos verdades antiguas y para que den validez a la experiencia vital.
Y cuando se opongan a las verdades manidas y a la tradición, háganlo con convicción y con fuerza. No nos permitan a nosotros, las generaciones anteriores, limitarles su horizonte. No dejen que nuestros miedos les corten sus alas o que nuestros prejuicios limiten el vuelo de su mente y la expansión de su alma. No, todo tiempo pasado no fue mejor. Asumir esto significa decir que la acción del hombre es vana y que ustedes no son agentes de la historia. Todo tiempo futuro tiene que ser mejor porque ustedes lo van a construir. Escúchennos, sí, pero con oídos críticos, pues el estado del mundo de hoy deja mucho que desear sobre la habilidad de las generaciones pasadas. No teman imaginar un mundo diferente en que los fuertes y poderosos sean también los buenos y en que la felicidad y comodidad de unos pocos no se base en la miseria y sufrimiento de la mayoría. Y cuando les digan que las cosas siempre han sido así, respondan que lo único que ha sido constante en la historia es el cambio y que las grandes transformaciones sociales han ocurrido cuando jóvenes como ustedes han dicho: lo que siempre ha sido, siempre ha estado mal y no tiene por qué seguir siendo. Sólo piensen cuántas cosas que la sociedad antes creía verdades evangélicas nos parecen ahora absurdos increíbles en la medida en que evolucionan los estándares de decencia que marcan el progreso de una sociedad que madura.
¿Y del amor? ¿Qué decirles? Hemos hablado mucho de amor en estos años. De los amores terribles de seres que no se conocen a sí mismos y que buscan en la lujuria una respuesta que tendrían que encontrar dentro de sí. Seres como Rebeca o el Coronel Aureliano Buendía, que un día frente al pelotón de fusilamiento recordó cuando su padre lo llevó a conocer el hielo. Amores de seres condenados a cien años de soledad y que no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra. Amores como el de Penélope y Julián que arrastraban un lastre mayor de lo que sus jóvenes almas podían cargar. Amores como el de Daniel y Bea que no eran sólo para sí, sino que debían empujar consigo a otros para que su propio amor tuviera sentido. A ustedes les deseo que sepan encontrarse para encontrar.
Huyan de lo fácil, pues sólo lo difícil es estimulante, todo lo serio es difícil y todo es serio. Recuerden el consejo de Rainer Maria Rilke: que algo sea difícil debe ser una razón más para hacerlo.
Por ejemplo, es fácil creer que los valientes son buenos y los cobardes son malos. Pero si así fuera, los buenos ganarían siempre, con facilidad. Piensen en Fermín que se moría de miedo ante Fumero pero pudo superarlo para defender a su amigo. Y Fumero, quien evidentemente no tenía miedos… ni escrúpulos. Los hombres somos complejos y es esa complejidad lo que nos hace humanos y lo que hace que la vida valga la pena.
Al escribir esta despedida me vino a la cabeza el poema de Borges que recitamos en el maratón de poesía hace tres años: What can I hold you with?/ ¿Con qué puedo retenerte? Me imagino que eso es lo que quiero preguntales ahora. ¿Con qué puedo retenerlos? Y como Borges, sólo tengo palabras vacías, abuelos guerreros y memorias que sirven para llenar el aire, pero son inútiles para detener la historia, es decir, su historia. Puedo ofrecerles noticias sobre ustedes mismos que pretendo, presumo saber, pero que sólo están basadas en haber tenido vuestra edad, hace un par de siglos. What can I hold you with?
A ustedes y a sus padres, por el privilegio que me han concedido de compartir con ustedes estos años sólo me queda dedicarles la palabra luminosa de la ofrenda: gracias.
Su profesora, Isabel M. Estrada Portales.
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